Centro Gabo | “Lo de México es atroz, el esplendor de las Olimpiadas fue impuesto a bala”: Gabriel García Márquez
Foto archivo Fundación Gabo
lectura

“Lo de México es atroz, el esplendor de las Olimpiadas fue impuesto a bala”: Gabriel García Márquez

El intercambio epistolar entre Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes después de la matanza de Tlatelolco.

Créditos
Foto archivo Fundación Gabo

Centro Gabo

Hacia las seis de la tarde del 2 de octubre de 1968, el Ejército Mexicano reprimió una manifestación pacífica en la Plaza de las Tres Culturas de Ciudad de México. Los manifestantes, que en su mayoría eran miembros del Movimiento Estudiantil, fueron atacados con disparos y bayonetas, lo que resultó en una matanza que dejó cientos de muertos. Este horrible suceso, conocido como la Masacre de Tlatelolco, conmovió profundamente a México y expuso al gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz como un régimen dispuesto a perseguir y desaparecer a sus contradictores, todo ello diez días antes de la inauguración de los XIX Juegos Olímpicos en el país.

Debido a la represión, muchos artistas, escritores, intelectuales y políticos de izquierda se exiliaron en Europa. El poeta Octavio Paz, entonces embajador mexicano en la India, decidió retirarse del cargo en señal de protesta. Desde París, el 29 de octubre de 1968, el novelista Carlos Fuentes le escribió una carta a Gabriel García Márquez en la que reflexionó sobre el “clima de terror” que se estaba viviendo en aquellos momentos. “¡Maestrazo! He estado abrumado por los acontecimientos mexicanos”, afirmó, antes de redactar un diagnóstico político lleno de desesperanza:

 

El deterioro de la situación mexicana es total, a pesar de la bella y chovinista fachada olímpica. Las cartas de Rita, Fernando, José Emilio, etc., indican que se ha implantado un clima de terror, denuncia y confusión que, sin embargo, no logra quebrar el ánimo de renovación de los jóvenes. Lo de Tlatelolco solo es comparable a la matanza zarista en Odesa. Es llevar la metáfora demasiado lejos: doscientos inocentes asesinados frente a un templo azteca y una basílica española. Las fotos y los datos son horripilantes: en los estacionamientos subterráneos de Tlatelolco el ejército fusiló e incineró a quince miembros del comité de huelga como advertencia final. Solo una actitud como la renuncia de Octavio nos va salvando de la total desesperación histórica. La campaña contra los intelectuales es encabezada por la Garro y la Paz: la delación como síntesis de la virginidad prolongada y de la menopausia precoz. Monsiváis, Cuevas, los Segovia, Villoro: el éxodo de intelectuales se inicia. La mordaza, la dictadura militar, el fin de las casas editoriales; tal es el pronóstico más seguro. Nada de esto es fortuito: toda la América Latina se convertirá en un enorme cuartel, del Río Bravo a la Patagonia. ¿Quién metería hoy la mano en el fuego por Lleras Restrepo o Leoni… aun por Frei? La consagración de las esferas de influencia autoriza esto y más. Nos esperan días muy negros. 

 

Cuatro días después, el 2 de noviembre, García Márquez escribió su respuesta a Fuentes en una carta que envió desde Barcelona, ciudad en la que llevaba un año viviendo luego del éxito crítico y comercial de Cien años de soledad:

 

Maestro:

Te buscamos en todos los teléfonos de París a raíz de la matanza de Tlatelolco y no apareciste en ninguno. Tu silencio era abrumador. Inclusive arañamos en lo más hondo de nuestras conciencias temiendo que te hubiéramos fallado en algo, y nos encontramos limpios y nostálgicos. Acabamos de respirar con tu carta.

     Lo de México es atroz: el esplendor de las Olimpiadas fue impuesto a bala. Sin embargo, aunque nos duela mucho comprobarlo, creo que lo que era falso era la inmovilidad política y social de antes, y que esto de ahora es la tremenda realidad del país. Cada vez que me acuerdo de la alegre irresponsabilidad con que yo andaba por las calles de México, inclusive mentándoles la madre a los policías, se me frunce el culo. El futuro es sombrío, pero no deja de tener su aspecto saludable el hecho de que el régimen haya sido forzado a quitarse la máscara. Aunque, leyendo tus libros y entrevistas, me pregunto cuántas máscaras sobre máscaras habrá que quitar para conocer el verdadero rostro. Renuncio a mi cómoda manía de profeta de salón y me quedo luchando con el vértigo.

 

El novelista colombiano también se refirió al acto de protesta de Octavio Paz e hizo una dura reflexión sobre la candidatura de Mariano Ospina Pérez a la presidencia de Colombia:

 

Es emocionante la actitud de Octavio. Como el primer abrazo que recibirá será el tuyo, quiero que el segundo sea el mío: dáselo tú y dile que aquí estamos esperando sus órdenes. Que no se preocupe, porque ya somos muchos y cada día seremos más.

     Por lo visto, nuestro verdadero destino está en la literatura epistolar. Ahora mismo estoy escribiendo una extensa carta, tan violenta como sea posible, a mis compatriotas: todo indica que el próximo presidente de Colombia será otra vez Mariano Ospina Pérez. He encontrado la manera de salirle al paso a ese despropósito, prescindiendo de todo argumento político y apelando simplemente a la moral pública y a la dignidad nacional. Ese bárbaro, que ahora tiene más de 80 años, fue el que montó desde el poder el tremendo aparato de violencia que le costó al país medio millón de muertos en diez años, solo por intimidar a los liberales. Ahora son estos mismos quienes le ofrecen esta oportunidad casi póstuma de rehabilitación, para que se gane su propia estatua en virtud de la falta de huevos, de memoria y de imaginación del país. No puede llevarse hasta ese extremo la peste del olvido que flagela la nación. Es una falta de respeto a nuestra generación, que salió de la adolescencia y ahora va a entrar a la vejez con el mismo hombre en el poder. Digo en mi carta pública (nadie se atreverá a publicar) que cualquier otra catástrofe nacional sería preferible a esta vergüenza, y estoy seguro de que el país se va a partir por la mitad, no por el peso de la carta misma, sino porque nadie, absolutamente nadie quiere en realidad que Ospina será presidente, y unos lo van a aceptar por comodidad, otros por pereza mental, otros por el chantaje de la violencia, otros por abulia, y hace falta que alguien les diga, como lo voy a hacer yo, que lo que son todos es una partida de maricones.

 

Aunque el tono de su carta era sombrío, García Márquez concluyó con un párrafo en el que mencionó una buena noticia relacionada con el éxito de El coronel no tiene quien le escriba, cuya traducción al inglés editada por Harper & Row se estaba vendiendo bien en Estados Unidos y contaba con la aprobación de los críticos y periodistas culturales que trabajaban para The New York Times:

 

Cass Canfield, de Harper, se ha llevado una sorpresa: No One Writes to the Colonel salió hace unas semanas, la crítica la recibió muy bien y se está vendiendo. El New York Times publicó una nota que dice algo encantador: «Our parochialism has been compounded by the long delay in translating Márquez into English». ¿No es para morirse de risa?

[Traducción: «Nuestro provincialismo se ha agravado por el largo retraso en la traducción de Márquez al inglés»].

 

Continúa Leyendo

Seis reseñas cinematográficas del escritor colombiano sobre algunas...

Foto archivo Gabriel García Márquez, Harry Ransom Center

Los comentarios críticos que García Márquez hizo sobre los libros q...

©Fundación Gabo 2025 - Todos los derechos reservados.