La aventura de fotografiar a Gabo

Daniel Mordzinski, fotógrafo argentino, cuenta la historia de su travesía para retratar a García Márquez por primera vez.
Por:
Daniel Mordzinski

Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960) es conocido en el ámbito de la fotografía como el “fotógrafo de los escritores”. Desde el inicio de su carrera profesional se ha propuesto construir un “atlas humano” de la literatura iberoamericana, propósito que lo ha llevado a vivir innumerables historias al lado de los principales autores de ficción en América Latina.

Entre esas anécdotas se encuentra la primera sesión fotográfica con el escritor colombiano Gabriel García Márquez, la cual tuvo lugar en las playas de Biarritz durante el otoño francés de 1995. Mordzinski cuenta que contactarse con el autor de Cien años de soledad no fue un proceso fácil. “Empecé a averiguar cuál era el camino más corto para ser recibido y poder retratar a García Márquez. Me presentan a Plinio Apuleyo Mendoza y me dicen que es una buena manera de llegar a Gabo. Yo le cuento mi proyecto y Plinio me dice: ‘te voy a ayudar’. Miramos nuestras agendas y vemos que Gabo tenía previsto un viaje a la ciudad de Biarritz donde había un festival literario que ese año estaba dedicado a Colombia. Plinio me dice ‘Dame un teléfono y García Márquez te va a llamar’”.

Morzinski, un joven argentino que buscaba un editor para su primer libro de fotografía, tuvo que pagarse un tren y reservar una habitación en un hotel barato de Biarritz. “No tenía ni un peso, pero solo por la posibilidad de fotografiar a Gabo corrí el riesgo”, confiesa el fotógrafo, quien luego de pasarle el número de teléfono de su cuarto de hotel a Plinio Apuleyo Mendoza se mantuvo quieto frente al aparato a la espera de la llamada de escritor colombiano.

“Me quedé mirando intensamente el teléfono el día de la cita, para ver si el teléfono, a fuerza de que yo lo observara fijo, iba a empezar a sonar. El milagro se produjo, suena el teléfono y era Gabriel García Márquez. Me dice: ‘Bueno, la cita es hoy. Plinio me habló de usted, me habló de su proyecto, ¿qué le parece si nos vemos en dos horas?’. Yo digo: ‘Me parece fantástico’”. Allí empezó a convertirse en realidad el sueño de fotografiar a Gabo.

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